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Mostrando entradas de febrero, 2015

Mi y do, do y mi.

¿A veces no os da miedo encontraros con vuestro futuro  a la vuelta de la esquina en vez de saludar  de nuevo al pasado?  A mí sí, quizás por eso he aprendido a aferrarme a lo que tengo y no dejarlo escapar nunca, y como nunca he sido buena en la música pero a veces sé expresarme escribiendo he preparado un pequeño poema deprisa y queriendo para cantarle a los sentimientos opuestos ocultos y fieros que se entremezclan, chocan, y pelean de forma violenta pero que juntos suenan que te cagas.
Mi era un remanso de paz, una estación de paso entre guerras, era arte y era niebla, eran suspiros que se volvían vaho contra el cristal de la cabina mientras contemplaba el paisaje y se perdía en sus maneras, era yang pero era blanca, era arena dorada y fina colmada de la espuma de un océano bravo, era un libro en blanco y un poema con rima, era una canción de los Beatles y un relato de Borges, era un amanecer despejado y la noche en el campo, era un vaso de agua siempre medio lleno en el que ahogarse, era Niké sin At…

Tanta luz y tan poco Sol.

Cualquier parecido con la ficción, es pura casualidad.
Lo siento, me apetece daros una de cal, que en bastante arena me he tenido que enterrar ya para no ahogarme con vuestros mares de hipocresía y lágrimas de cocodrilo.

El primer capullo
era el típico que te rompía
dos, tres o cuatro veces
y avisaba siempre,
pero era más una advertencia
o un a ver si te atreves
que cualquier otra cosa,
y le echabas valor
porque no quedaba más remedio
hasta que perdías
y, mientras llorabas,
él te consolaba desde su musa
y te recordaba el aviso de sus versos,
que siempre llevaron su nombre,
decía, que no puedes coserte
con una aguja sin hilo.

El segundo era el típico
con mala pinta,
que aparentaba el infierno
pero te regalaba pequeños oasis
en cada segundo a solas,
que te besaba sin miedo
y te decía te quiero
con tanto valor
que era descarado,
hasta que
exigiste el cumplir
de tanta responsabilidad
autoimpuesta
y salió corriendo
con el rabo duro entre las piernas,
y no te llegó a quedar claro
si su piel …

Cuestiones en la parada.

Me pregunto si crecer va asociado a la rutina, si madurar es también perder un poco las ganas de aprender, si ser serio es obligatorio para ser adulto y sobre todo si no es opcional enterrar la infancia.
Me pregunto si a lo que llamáis temple es a mi idea de sufrimiento, si adaptarse implica cerrar la boca y cambiar de corriente, si las vacaciones tienen que acortarse con el paso de los años y si disfrutarlas es sólo para los modernillos de las redes sociales.
Me pregunto si tener una familia obliga a abandonar los viejos poemas, si ser padre no es compatible con los epítetos suicidas, si comprar a lo grande en el supermercado es no coger más chucherías, si las ruedas del coche están para pisar las tonterías, si atropellar a un perro cambia su carácter desgraciado por uno económico, si las fechas son de pagar o cobrar cosas que no son amores, si ir al cine es sólo para el día del espectador, si la laca de uñas deja de ser verde y el tinte se vuelve canoso, si los subrayadores y los m…

.

Me he destrozado tantas veces
que ya no sé si ese es el límite
u otra cicatriz más,
no distingo yo de remiendos
y eso es lo que me da más miedo,
en mi empeño por rehacerme
convertirme en una muñeca de harapos
que acabará tirada en el suelo,
sucia,
como esos pedazos de tela que se pierden
entre la tierra
y que nadie quiere recoger,
y se van volviendo barro
poco a poco
hasta desaparecer.


La brevedad viste de recuerdos y el ahora se destiñe en la bilis de un ayer demasiado lejano para no estar próximo.

Dime algo que no haya querido escuchar de otros labios

Tranquila, respira y recuerda que todo tiene su razón de ser,
Aunque no sepas ya cuál es.
Que si todo lo bueno tiene que acabar
Y si es antes mejor porque lo breve es óptimo,
Dime para qué corrimos todo este camino.
Dime para qué me he dejado la piel
Si ahora no hay chaqueta que cubra
Mi alma desollada.
Dime de qué sirven tantas noches de lágrimas
En las que perdí mil y un veces el orgullo,
Si con sus martirizados besos sólo me ahogué.
Dime de qué sirvió deshacerme
Si ahora no hay tú que me sintetice.
Dime para qué he renuciado a tanto
Si este camino no lleva ni a un poco.
Dime qué hago con este rostro falso
Sin goma que sujete la máscara.
Dime quién te permitió hacerme esto
Y júrame que no he sido yo,
Y quizás
Solamente quizás
Reencuentre la brújula que señalaba a oeste
Porque el norte lo perdimos hace mucho.

...y no volver.

¡Ey, mis pequeños lectores! Hace unos días, estuve trabajando sobre un texto algo viejo, y me salió esto. Es  un poco inusual, teniendo en cuenta que todos mis escritos suelen ser escritura automática, así que espero que el resultado de este experimento no sea un fracaso.
¡Feliz Carnaval!

Te devuelvo el hueco de la estantería que ocupaban mis libros,  la mitad de las fotos, recortadas, y todas en las que sales tú, que son mayoría. También te dejo la televisión y al perro, pero el gato y la cafetera son míos, necesito insomnios y alguien que me cuide en ellos. En el cesto de la entrada tienes las llaves del coche,  la moto era tu bebé pero si alguien necesita libertad soy yo.
Por supuesto, también me llevo todos los sueños y los planes, las revistas sobre New York las he tirado a la basura, de paso, recuperé mis postales griegas y el folleto sobre ¡Noruega, un país por descubrir!, porque tú nunca quisiste nada nuevo que no fuesen encajes o partidos.
-Aquí seguiría la lista de reproches ad…

Alice Cooper

Para variar, algo escrito en galego. Síntoo polos que me ledes e non o entendedes, pero non podo traducir algo da súa lingua orixinal, pois os meus sentimentos estaban en galego cando os expresei aquí. 
Tumbada sobre a cama, a xove non oíu soar o teléfono cando lle enviaron a décima mensaxe. Os seus oídos, o seu espírito, todo estaba descansando sobre a música de Alice Cooper, a un volume o suficientemente alto como para calar todos os gritos da súa cabeza. Revolveuse un pouco e o pedazo de cristal que estaba ó seu carón caeu o chan, esnaquizándose por completo. Observou os fragmentos e, sen dubidar nin un só segundo pola dor, recolleunos e tirounos á papeleira, tendo coidado de tapalos cuns vellos apuntes para que ninguén observara o vermello que os tinguira. Sentou de novo na cama e contemplou, unha vez máis, as palabras que, gravadas coma feridas, descansaban nos seus antebrazos. Aquela letanía pertencía a anos atrás, mais seguía presente no seu día a día e, agora, no seu sangue mi…

Odisea.

Ella sólo quería ser querida
de nuevo pero con la misma intensidad,
o a lo viejo, navegando entre pestañas perdidas.
Sólo quería volver a encontrar un olor agradable
en las palmas de sus manos y en su cuello
y mirar con una sonrisa disimulada
las marcas apasionadas
que otros, y no ella,
le habían hecho.
Sólo quería recordar una vez más
y que se le llenaran los ojos de lágrimas
que no fuesen ríos hacia un mar perdido,
sino lagunas de calma
con muchos peces de colores
y algún que otro Caipirinha.
Sólo quería sentir en cada poro
un amor que no fuera sólo suyo,
recordar las huellas de otros dedos
y jugar con ellos a encontrar
nuevos caminos.
Sólo quería dormirse
con un recuerdo cercano en la mente
y que le costara alcanzar a Morfeo,
en vez de verle bien lejos
en vísperas de una tortuosa estadía
con su propio Ares.
Sólo quería ser Constantinopla antes de su caída
o, mejor aún,
Atenas,
Troya,
y toda la costa griega
con sus casitas azules que se veían como un hogar
y sus aguas cristalinas co…
El límite estaba tan cerca que sólo tenía que alargar la mano para rozarlo. En apenas unos pocos movimientos musculares descansaba la clave del hasta dónde estaba dispuesta a llegar, medio metro de indecisión y prueba. El camino había sido duro, lo suficiente como para que cualquiera con dos dedos de frente supiera que no había marcha atrás. Había decidido arrojarme al amparo de los horizontales barrotes de mi propia cárcel y el tren era puntual. Pero esos segundos finales... En esos segundos en los que surgieron las ampollas en mis dedos, lloré por cada una de ellas, mientras recogía la aguja que colgaba de mi cuello y, con cuidado y un pulso que siempre había sido la envidia de cualquier terremoto, las estallaba. El líquido transparente se escurría por mis manos, a juego con los ríos de mi rostro y drenando la laguna de mi pecho, sintiendo cómo ese poco en el que ya ni creía, salía al galope y daba rienda suelta a su huída. La gravilla temblaba contra mi mejilla y, en el preciso ins…