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Mostrando entradas de marzo, 2015

Ella.

Era la descendiente de las brujas que no pudisteis quemar,
la chica punk, la gótica, la rara, la friki
la del negro y el pelo raro,
la del piercing y el tatuaje oculto,
la de las marcas de guerra
batalladas entre tanto barracón de pupitre;
era la alta, la fuerte, la intocable,
la de los labios violeta y el no te metas,
la de las camisetas duras
y las canciones bestias.

Sin embargo,
también era la de los poemas,
la de los cientos de libros,
la de lágrimas ahogadas en almohadas,
la de pequeñas imperfecciones
tapadas por grandes cicatrices,
la de paseos nocturnos
para poder pasear libre
sólo siguiendo la estela de su frente.

Pero el día que alguien vio lo último
su estrella se consumió
como los restos de las hogueras de San Juan.

No hubo más ella.

Dicen que la encontraron en la playa
y que sus versos navegaban en las aguas.

Papel mojado,
tinta negra,
solitaria golondrina intrépida. 

Añoranza.

Hay gente que se va y vuelve
pero son pocos y de los que menos acaban importando.
Hay gente que siempre está,
y acabas viviendo más con su rutina que con ellos,
 pero se acaba convirtiendo en un pilar. Hay gente que nunca está y te acostumbras a su ausencia, la lloras hasta que acabas cogiéndole cariño y se vuelve impensable soltarla.
Y luego está esa gente que llega y se va rápido, que te lo da todo y, cuando quieres darte cuenta, tienes las manos llenas de recuerdos  pero el pecho vacío. Esa gente es la que más marca, la que se tatúa en tus venas y fluye por cada poro de tu piel, la que cada gloria es una herida y cada beso una tortura, la que te quema la lengua y aún te hace temblar las piernas, la que convierte el labio mordido en roto, la que te quiso una noche y no estuvo a la mañana siguiente para recordarlo, haciendo que todos tus días te despiertes buscando, otra vez, esa mirada.
Y es que ha pasado tiempo, quizás no demasiado, pero sí suficiente para que los recuerdos tengan esa…