Entradas

Mostrando entradas de enero, 2015

Escrito con cuidado.

Había un hueco en la palma de mi mano
del mismo tamaño que el de tu pecho,
ambos similares a la desolación que nos rodeaba
cada vez que nos pillábamos mirándonos
y recordando cuando ahí hubo algo
que un tiempo creímos que sería suficiente.

Yo creí ser suficiente.
Pero, tras mirarte de nuevo
y encontrar sólo vacío en tus ojos,
regreso a caso con las manos sudorosas
pero frías,
y es un frío comparable sólo al de tus palabras
que me envuelve en rigidez y sábanas.

Otra noche más, la almohada
y tu foto
son testigos de cómo me recompongo,
aferrando tantos dispares trocitos
de cristal
con una soga débil y de lazo,
sólo por la esperanza
de que mañana te vuelva a mirar
y estés mirándome
pero sin vacío,
ni en los ojos,
ni en el pecho,
ni en mi mano,
y, sobre todo,
ni en mí sin ti.

No recuerdes, ni olvides.

No olvides perder el control
y abandonarte a tantas almas vacías
en busca de un calor lejano
que encuentran en el alcohol
y pierden, junto al sujetador,
la mañana siguiente
al despertarse, de nuevo,
en la cama equivocada.

No olvides venir a jugar con nosotros
e imaginarte por una noche
que yo soy ella, y tú eres él,
y no pasa nada si susurras su nombre
contra mi nuca
porque yo estaré adjudicando
el tacto a otra boca
que sabe muy distinto,
pero ya no se puede saborear.

No olvides abrazarme con ímpetu
mientras saltamos en la pista,
como si mi calor fuera suficiente
para apagar todo tu hielo
sin necesidad de una copa más,
que al final acabamos pidiendo
y compartiendo al devolverla,
junto a la dignidad,
en una esquina de madrugada.

No olvides que yo estuve siempre ahí,
exactamente igual que tú,
compartiendo tantos vacíos
con esperanza de llenarlos
y sin lograrlo nunca,
porque nunca pudimos olvidar
sin necesidad de que nos lo recordaran,
que al final tú sólo eras tú,
y yo sólo era yo,
y ér…

Mi muy querido poeta:

Mi muy querido poeta:
Hace poco comprendí que hay formas mucho más sencillas -que no fáciles- de hacerse daño que empuñar un pedazo de espejo.
Por ejemplo, si analizo tu mirada y derivo a mis recuerdos obtengo un valor negativo aquí, justo aquí -querido poeta, señálese el pecho-, si observo tus manos y localizo sus huellas gano algunas hendiduras aquí, justo aquí -querido poeta, extienda los brazos-, si multiplico tus besos por los míos aparece un cero aquí, justo aquí -querido poeta, marque su estómago-; es mucho más sencillo este conjunto de operaciones, que asomarse a una ventana, jugar con una cuchilla o tragarse todo el pastillero.
Y esto es así, mi muy querido poeta: el mayor dolor es que el que creamos aquí -por último y por favor, señálese la cabeza-.
Antes de morirse, evite matarse.

El cómo del azar, sin su porqué.

Tú me querías
y yo te quería,
pero el azar nunca nos quiso
juntos
y acabamos, sin querer,
sin querernos.

Tú dejaste de quererme
y yo dejé de quererte
pero siempre a medias
y el azar no quiso untar
nuestras partes
hasta formar una.

Tú me querías en silencio
y yo a gritos,
siempre intentando romperlo
o hacer que el azar escuchase,
pero una vez más
sólo podías oír cómo me rompía
y no pasaba nada
o eso pensabas
porque yo ya estaba rota
y una vez más
no importaba.

Yo o tú, nunca me quedó claro
era muy niña
y apenas sabía qué era querer,
pero tú y el azar
me disteis golpes hasta que aprendí
que no hay amor que no duela,
que no hay dolor que no quiera.

Hoy te veo
queriendo a medias
y mirándome porque ya no son mis errores,
porque ahora cometo otros
sin ti
y sin dejar de quererte a medias.