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sobre las anclas intangibles.

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Nunca pretendí escribir los versos más tristes
pero existe una intangibilidad en la dimensión de la lágrima
superior a cada rima que conozca.
Todos sabemos de la caricia de despedida
y cómo quema en la mejilla muchos años después.
Me hago a la poesía rota en un intento de remendar olas,
siempre guardo un alfiler en la muñeca izquierda
disfrazo de truco, firmeza, risa lo que en su día
fue un vacío inconfundible.
Miré a la muerte de cerca y me rendí,
de nada sirve llegar a puerto si el ancla sigue aferrada
al lecho en el que te vi por última vez.
Al recitar siempre sale espuma de mis venas,
vislumbro el rostro de una musa ahogada
y no se puede tocar.


.

Advertir el peligro en ti mismo
es una sensación que te corroe tan rápido que cuando
te das cuenta, apenas quedan pilares:
sabes que hay algunos pero sólo tu aliento podría derrumbarlos
y entonces decides alejarte,
cuando te llegan las cenizas del hogar ardiendo
las aprovechas para escribir un mensaje de socorro
y lo pegas al suelo:
te pegas al suelo;
crecen las tormentas a tu alrededor y te tragan las losas
sabes que hay algo, ¡hay algo!
¿Acaso no lo ves? Te arrastras y toses porque
hay palabras que se atascan en tu tráquea y
logran cortar el cartílago,
quizás es por eso por lo que pierdes el aliento.
Hay algo, hay algo, algo no está bien.
Cuando el último pilar cae ante tu locura
incesante, tus exageradas excusas para todo,
¡todos tuvimos nervios! ¿miedo el exterior? pero sí solo eres una gorda intentando perdonar. es vagancia, ¡espabila!
cuando el techo te cae encima y decides que es hora
de dejarte devorar
las tejas se hunden en tus pestañas y ya se acabó el intentar flotar
ahogada…

En el cubo de la fregona (versión feminista de la boca del lobo)

Aúlla el fairy desde el fondo del cubo me ahogo, ahogo, ahogo! Nadie escucha, las pelusas de la fregona se camuflan con sus cabellos y aplauden sus nuevas mechas “¡ey! te sientan genial, pareces una modelo” y limpia el suelo con una sonrisa, mientras piensa “valgo un poquito más, me parezco a las de la propaganda” y el suelo queda brillante, la loza, las camas, los niños todo queda brillante mientras sus manos, llenas de fairy liman las durezas del alma, lamenta que las uñas no sean rojas, francesas o de porcelana pero con el maquillaje le enseñaron a camuflarse en una muñeca lo cual, le dicen, no está demasiado mal y mientras saca brillo a los moratones, piensa y le dicen, le dicen lo que pensar, piensa lo que le dicen, “ay, si usara una treinta y ocho, ¡iba a ser feliz!” y es que ayer en la tienda no encontró ropa de su talla ayer le sacó brillo a las lágrimas y a la cartera mientras se hacía pequeñita pequeñita viendo como los complejos la devoraban en el probador pero ella se sen…

No cubo da fregona (versión feminista da boca do lobo)

Ouvea o fairy dende o fondo do cubo afogo, afogo, afogo! Ninguén escoita, as peluxes da fregona camúflanse cos seus cabelos e aprauden as súas novas mechas “ei! séntanche ben, pareces unha modelo” e limpa o chan cun sorriso, mentras pensa “vallo un pouquiño máis, aseméllome ás da propaganda” e o chan queda brillante, a louza, as camas, os nenos todo queda brillante mentres as súas mans, cheas de fairy liman as durezas da alma, lamenta que as unllas non sexan vermellas, francesas ou de porcelana pero coa maquillaxe ensinárolle a camuflarse nunha boneca o cal, dinlle, non está demasiado mal e mentras saca brillo os moretóns, pensa e dinlle dinlle o que pensa, pensa o que lle din, “ai, se usara unha trintaeoito, ia ser feliz!” e é que onte na tenda non topou roupa do seu talle onte sacoulle brillo as bágoas e a carteira mentras se facía pequeniña pequeniña vendo como os complexos comíana no probador pero ela sentíase enorme, só no mal sentido e o chegar a casa sentiu de novo algo enorme…

Como el cuervo de Poe

"Quem nâo tem voz de cantar Berra"  J. Saramago Anhelo las calles con el ímpetu del amante, anhelo el coro y la hermandad, pero mi hogar ya no me reclama y noto cicatrices en mi pecho con forma de verba. Las fuerzas se me fueron en declive y desaprendí a pelear sobre un escenario. Ni poeta ni guerrera, no soy nada. A veces grito, sí, a veces grito; nunca pude cantar y mi ejemplo de nobleza es un cuervo que ahora se alimenta de mis versos, carroña, muerto. A veces grito, a veces grito y pongo música de fondo; mis costillas afinadas en mi-sol (el que no alumbra) suenan al fragmentarse. Y sueño que canto.

el día que dije basta

La inexactitud de las palabras se torna verso en mis labios las pirámides alzadas con cuerpos se destruyen con su propio empeño la tiranía ni es cúspide ni es justificación dolor. la mentira se posa en la vértebra del poeta hago sinapsis con un epitafio de hace cien años y me encojo. lloran los lápices que deshojé en busca de un solo verso que hablara sin mentir.

Nota rosa.

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A veces me miro al espejo mientras me maquillo y no me reconozco, ¿cuándo envejecieron tanto estos ojos?
Y aún me preguntan por el dolor.